Enemigos públicos a los que ni siquiera tememos

Tengo un amigo que es médico y la última vez que nos reunimos, hace un par de semanas, me comentó que estaba estudiando un diplomado en medicina general.

En verdad, él nunca deja de sorprenderme y en esa ocasión le pregunté de dónde sacaba tiempo para continuar con los estudios, si además de atender su consultorio, también ejerce en un hospital público.

Me respondió, como si fuera lo más natural del mundo, que la clave está en organizarse y actualmente, en aprovechar todas las ayudas que nos da la tecnología. Esto lo dijo porque su diplomado se imparte en línea. El material de estudio está en e-books, que se pueden descargar en cualquier dispositivo, fijo o móvil, que tenga el sistema operativo adecuado, y las evaluaciones se hacen en línea, una vez que el estudiante ha repasado todos los temas del módulo.

Este sistema me pareció perfecto, pues al menos no hay que padecer con los horarios y los traslados. Sin embargo, aún hay que sacar tiempo de donde sea para dedicarlo al estudio. Cuando mi amigo vio que la cuestión me interesaba, sacó su tablet y me mostró los libros y aplicaciones que utilizaba en el diplomado.

Al ver el temario, me sorprendió leer algunos términos que me resultaron familiares. No porque tuviera los conocimientos médicos al respecto, claro está, sino porque los había escuchado en el radio y la televisión, había leído acerca de ellos en los periódicos y, sobre todo, los veía con frecuencia en carteles, colocados en los pasillos del centro de salud al que asisto.

Obesidad, diabetes, hipertensión, cáncer; tales eran los principales términos que titulaban los módulos del diplomado médico. Le pregunté al experto por qué se concentraban especialmente en tales temas y me dijo que tales enfermedades estaban entre los principales motivos de consulta en medicina general. “Además, agregó mi amigo, estos son los grandes enemigos públicos de nuestra salud y lo peor es que a pesar de ello, ni siquiera les tenemos miedo”.

enfermedades

Le pregunté por qué decía eso y estas fueron, a grandes rasgos, las explicaciones que me dio para cada caso:

Diabetes

Solemos pensar en un diagnóstico de diabetes como en una sentencia de muerte o, por lo menos, de una mala calidad de vida. Sin embargo, esta enfermedad puede tratarse con éxito y permitir que quienes la padecen continúen con la mayoría de sus actividades cotidianas. ¿Por qué, entonces, se ha convertido en un enemigo? Porque al ser una enfermedad que no presenta síntomas evidentes en sus primeras etapas, justo cuando sería fácil tratarla, muchas personas viven con ella sin saberlo. Cuando la gente acude a consulta, es porque ya presenta una enfermedad causada por una complicación con la diabetes y para entonces resulta más difícil tratarla.

¿Qué hacer al respecto? Llevar una alimentación saludable, hacer ejercicio diariamente y practicarse una revisión médica preventiva, que incluya una prueba de glucosa, por lo menos una vez al año.

Sobrepeso y obesidad

Estas condiciones sí que resultan evidentes, el problema con ellas es que a veces no somos conscientes de su gravedad. Cuando advertimos que tenemos unos kilos de más, nos consolamos con un “mañana me pongo a dieta” o “el lunes me inscribo al gym”, para olvidarnos del buen propósito unos minutos después.

El problema es que si esos kilos de más no se controlan, hacen de nuestro organismo el medio perfecto para desarrollar enfermedades como la diabetes, la hipertensión, la hipercolesterolemia (colesterol elevado) y hasta ciertos tipos de cáncer.

Hipertensión

Esta enfermedad puede ser detonada por distintos factores, incluido el genético. Pero en la actualidad, su principal causante es otro de nuestros grandes enemigos públicos, el estrés. Un poco de tensión es normal y necesario para reaccionar ante el peligro o los problemas y prepararse a buscar una solución. Pero cuando esa tensión se sale de control, desequilibra las funciones de todo el organismo y uno de sus primeros efectos es que eleva la presión y acelera la frecuencia cardiaca.

Como verán, estos enemigos pueden aliarse y enredarnos en un círculo vicioso de enfermedades. Por ello es indispensable mantener una estricta vigilancia sobre nuestra salud y estilo de vida, y confiar en los profesionales, que día con día se actualizan para cuidarnos.

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